Cada vez que un mexicano
guarda la sana distancia, usa el tapabocas o sigue alguna de las
medidas dispuestas para restar fuerza al impacto de la COVID-19,
rinde homenaje a un personaje de la historia patria que fue alcalde
torreonense.
José María Rodríguez y
Rodríguez, saltillense nacido en 1870 y fallecido en 1946, acumuló
diversas denominaciones a lo largo de su vida. Político
antirreeleccionista, revolucionario y jefe de los servicios
sanitarios de Coahuila, son algunas de ellas.
No obstante, los títulos
inscritos en su tumba, ubicada en el Panteón Torreón de la colonia
Santiago Ramirez (sur de la ciudad) son el de médico y el de
general.
Esas dos profesiones
encuentran su síntesis en un concepto que fundó en nuestro país
con el fin de impedir la propagación de enfermedades exóticas: la
dictadura sanitaria.
CONCEPTO
La dictadura sanitaria o
ley del criterio médico establece que a la hora de combatir una
epidemia salvaguardar vidas es más importante que las
consideraciones políticas y económicas.
Así como hoy se busca
reducir el número de diagnósticados con coronavirus y hace una
década se tenía un objetivo similar con motivo de la gripe A(H1N1),
a finales del siglo XIX y principios del XX regiones del territorio
nacional padecieron la fiebre amarilla y la peste bubónica.
La primera, por ejemplo,
llegó a Tamaulipas, al puerto de Tampico, de ahí saltó a Ciudad
Victoria, y, enseguida, a las entidades vecinas.
En los últimos días de
1916, el militar científico viajó a Querétaro en calidad de
diputado. Allí participó en la elaboración de la Constitución
mexicana, documento promulgado el 5 de febrero de 1917.
En la quincuagésima
sesión ordinaria del Congreso Constituyente, con fecha del 19 de
enero de 1917, José María Rodríguez propuso adicionar a la
fracción XVI del artítulo 73 bases de actuación ante situaciones
de riesgo sanitario:
1a. El Consejo de
Salubridad General dependerá directamente del presidente de la
República, sin intervención de ninguna Secretaría de Estado y sus
disposiciones generales serán de observancia obligatoria en el país.
2a. En caso de epidemias
de carácter grave o peligro de invasión al país de enfermedades
exóticas, el Departamento de Salubridad tendrá obligación de
dictar inmediatamente las medidas preventivas indispensables, a
reserva de ser después sancionadas por el Ejecutivo.
3a. La autoridad
sanitaria será ejecutiva y sus disposiciones serán obedecidas por
las autoridades administrativas del país.
A 103 años de distancia
y tras más de 700 reformas al texto constitucional los preceptos
planteados por el médico Rodríguez se mantienen prácticamente
intocados. La única modificación introdujo a la Secretaría de
Salud en sustitución del Departamento de Salubridad.
En su justificación, el
saltillense, diputado por el tercer distrito de Coahuila con sede en
Torreón (su suplente era Eduardo Guerra), defendió que la autoridad
sanitaria debía tener un dominio general a la hora de dictar
disposiciones y activarlas porque de otro modo no cumplirían con el
propósito de impedir la generalización del contagio. También
expuso que el órgano médico debía ser ejecutivo para asegurar que
sus decisiones no fueran burladas.
DEBATE
El Diario de Debates de
las sesiones queretanas muestra que la propuesta generó voces
discordantes. David Pastrana Jaimes, legislador poblano, criticó que
al eliminar cualquier traba en la coordinación entre el Consejo de
Salubridad (CSG) y el Presidente de la República se daba luz verde a
un departamento con “facultades amplísimas” y “más
atribuciones que un ministerio” ya que “Ningún ministro dicta
primero sus disposiciones y luego va a pedir al presidente su
acuerdo”. También señaló que se atropellaba la soberanía de los
Estados.
Eliseo Céspedes, de
Veracruz, fue otro representante contrario a la creación de un
departamento con “exageradas facultades”.
Los comentarios de
Pastrana incitaron la siguiente réplica del coahuilense: “¿De qué
tierra es este señor diputado? (Voces: ¡De Guerrero; donde no hay
médicos! --aunque representaba a Puebla, Pastrana era originario de
la entidad guerrerense--) Así me explico que siendo diputado de
Guerrero, donde acaso no se conoce la medicina, venga a protestar
contra los elementos de salubridad que el Congreso Constituyente
quiere llevar hasta los últimos confines de la República”.
Rubén Martí Atalay,
congresista por el distrito de Lerma, Estado de México, respaldó la
iniciativa y observó que parte de la información provista por José
María Rodríguez no había calado hondo en el pleno porque “gran
parte de los señores diputados estaba durmiendo y la otra parte
leyendo”.
Al final, votaron a favor
de la propuesta 143 congresistas. Tres nombres, Zeferino Fajardo,
Juan de Dios Palma y Pastrana Jaimes llevaron la contraria.
A la fecha, el aporte de
José María Rodríguez al artículo 73 permite a la Presidencia de
la República y al CSG llevar la voz de mando cuando un agente nocivo
amenaza con reducir enteros de la población de forma intempestiva y
drástica.
PROCESO
En la sesión previa, la
cuadragésimo novena, efectuada el 18 de enero, el médico Rodríguez
ya había avanzado sus intenciones. Ese día hizo un llamado a sus
colegas legisladores sobre la necesidad de fomentar cuidados
preventivos en toda la República.
Defendió la necesidad de
que el gobierno interviniera “aun despóticamente, sobre la higiene
del invididuo, particular y colectivamente” porque imponer “reglas
de bien vivir no es discutible”.
Habló de la
trascendencia económica y social de los padecimientos, de la falta
de hábitos higiénicos y de la existencia de males endémicos y
epidémicos. Parte de estos últimas, explicó, son las afecciones
exóticas, entendidas como aquellas que originan el mayor número de
víctimas, de modo paulatino o violento, y que son perfectamente
evitables.
“Las enfermedades
exóticas epidémicas en un momento dado pueden atacar grandes
porciones de la República, interrumpir de modo completo el tráfico
y las relaciones interiores de Estado a Estado y las internacionales,
cegando pasajeramente todas las fuentes de riqueza y de subsistencia
nacional”, dijo en aquella sesión recreando un escenario que, más
de un siglo después, se ha configurado de nueva cuenta.
En su alocución incluyó
un símil militar. Refirió que en el combate a las enfermedades
solamente se habían obtenido resultados cuando “personal
directamente organizado y, por decirlo así, municionado, pertrechado
y guiado por el Consejo de Salubridad ha sido el encargado de la
campaña”.
Según el congresista
coahuilense, además de dotar a la razón médica de autoridad
ejecutiva era importante impedir que un funcionario o servidor
público pudiera oponerse a sus disposiciones, de otro modo las
instrucciones emitidas corrían el riesgo de verse disminuidas o
modificadas en los vaivenes de la política.
BIOGRAFÍA
Carlos Castañón,
director del Archivo Municipal de Torreón, afirma que el décimo
cuarto alcalde de la ciudad todavía anda en busca de una buena
biografía.
Páginas del gobierno
mexicano aportan escasos datos sobre José María Rodríguez. Dejó
Saltillo para instalarse en la Ciudad de México, donde ingresó en
la Escuela Nacional de Medicina y en el Hospital Militar. Obtuvo el
título de médico cirujano en 1895.
En 1904, fundó el
Partido Liberal de Coahuila, agrupación precursora del
antirreeleccionismo. Fue maderista y carrancista. En 1911, atendió a
los heridos de la Toma de Torreón. Abrió el primer sanatorio de la
región y fue el primero en practicar cirugía de vientre en ella. En
1913 tomó posesión como presidente municipal. Duró en el cargo dos
meses porque, al ser hombre de las confianzas de Venustiano Carranza,
éste le condujo a otros derroteros.
En 1914 fue nombrado
presidente del Consejo Superior de Salubridad del país (antecedente
del CSG). En los años siguientes, obtuvo la calidad de general
brigadier y recibió la encomienda de organizar el Cuerpo Médico
Militar.
Tras el Congreso
Constituyente, se convirtió en el director del Departamento de
Salubridad.
En 1920 regresó al norte
mexicano. Fue jefe de Servicios Sanitarios Coordinados en Coahuila y
en Zacatecas. Años después se hizo cargo de la Unidad Sanitaria de
Torreón.
Su espíritu crítico
queda de manifiesto en el Diario de Debates antes referido. En una
sesión soltó un comparativo que, a un siglo de distancia, con otras
palabras si se quiere, es moneda corriente en el país: “No se
necesita más que visitar los pueblos de uno y otro lado del Bravo,
para ver con desaliento nuestro estado lastimoso de vivir” y “se
parte el corazón, señores diputados, al ver la condición infeliz
de vivir del mexicano en tierra mexicana, y llama la atención como
nuestra misma gente cambia de costumbres nada más al pasar la
frontera americana”.
También sabía usar la
tribuna para atacar. En el siguiente ejemplo, se lanzó contra un
antimaderista que había fallecido en 1913: Bernardo Reyes.
A la hora de justificar
su iniciativa de adiciones al artículo 73, el médico Rodríguez
contó que, desoyendo el consejo de las autoridades sanitarias, el
general Reyes, gobernador de Nuevo León, se opuso a que dejara de
funcionar el ferrocarril del Golfo que conectaba a Monterrey con
Tampico. Eso ocasionó, dijo el doctor, que la fiebre amarilla
invadiera la ciudad regia (finales del siglo XIX), y causara 1 mil
700 muertes en apenas 60 días, cifra que no incluía a las víctimas
de pueblos adyacentes.
En publicaciones hechas
en medios de la UNAM y de la Universidad Metropolitana de Monterrey,
Ignacio Solares, escritor y periodista, y María del Rosario Pérez
Gauna, investigadora de la UMM, aseguran que el general Reyes
solicitó al gobierno federal cerrar el paso ferroviario para evitar
la propagación del mal, pero su petición fue rechazada. Ambos
señalan que la epidemia cobró 125 vidas.
CERCANÍA
La historia del personaje
coahuilense cuya trascendencia mantiene al país bajo rigurosa
vigilancia epidemiológica está bastante cerca.
El médico y general,
comenta Carlos Castañón, vivió en el 112 de la calle Juan Antonio
de la Fuente, contraesquina del Monte de Piedad, en el centro de la
ciudad.
También recuerda que una
frase célebre del científico militar, “La dictadura sanitaria es
la única dictadura admisible”, tiene un sitio de honor en la
Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Coahuila Unidad
Torreón.
José Álvarez, diputado
constituyente de Uruapan, fue más amable que el saltillense al
exponer la necesidad del mandato despótico en materia de salud.
Durante la discusión de la iniciativa del doctor Rodríguez dijo que
votaría a favor porque “si las leyes de Moisés se escribieron en
dos piedras, la Constitución mexicana debe estar escrita en dos
tablas de jabón”.
En cualquier caso, José
María Rodríguez, que descansa en camposanto local y no en su gaveta
de congresista constitucional dispuesta en la capital del país,
sentó las bases de la emergencia sanitaria en México. Suya fue la
visión para armar al pueblo con hábitos higiénicos y tapabocas
cada que un extraño enemigo osara internarse en suelo patrio.


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