En la primera jornada del
Clausura 2020, Santos Laguna pecó de impreciso y chocó contra el muro que alzaron los Xolos de Tijuana.
El equipo de Almada no
varió en nada el guión de la temporada pasada. Salió a noquear
desde el primer asalto y perdió.
Tijuana, en cambio,
mostró que su ambición era no recibir gol y ganó tres
puntos.
La escuadra verdiblanca
saltó al campo con intensidad, intensidad arriba, como si no
quisiera dejarle ninguna responsabilidad a su aparato defensivo.
Pronto se vio el porqué.
Al minuto cuatro, el primer susto. Un pase al corazón del área encontró a Sanvezzo
que recibió sólo y superó a Orozco. La soledad del delantero fue bien interpretada por el juez de
línea.
Como todo el balompié
mexicano ya se sabe de memoria el discurso de Almada, los xolos
optaron por curarse en salud y mandar pelotazos al frente.
El fútbol salió de
cuadro. Entró a escena el tenis. Hubo intercambio de drives y de
voleas desde el fondo de la cancha.
Del lado santista, los
que agitaban la escena eran los menos indicados para esa labor: Rivas
y Gorriarán. El ancla y el todoterreno del esquema santista llegaban
hasta las cercanías del área rival. Centraron y tiraron. No hubo
fortuna en ninguna de las suertes que intentaron.
IMPRECISO
Santos iba hacia
adelante, siempre adelante, pero desde el inicio fue evidente que el
once verdiblanco dejó en casa la precisión.
Esto facilitó la vida a
unos Xolos que, pertrechados detrás de la línea de medio campo, se
limitaron a esperar el error del rival.
Como el local defendía y el visitante proponía, aunque sin meter miedo, hubo tiempo para ver a Brian Lozano desbordado por
él mismo. Fue una de esas veces en las que tanta voluntad por tomar
la manija del equipo le juega en contra. El charrúa se derrochó en
lances que pasaron desapercibidos, y cuando apareció, condujo con la
prisa de un relámpago que ansía encontrar un pararrayos.
Sin la brújula de
Lozano, la batería ofensiva del Santos no encontró el norte.
El principal perjudicado
fue Furch que, harto de esperar a su cita, abandonaba la mesa del
restaurante para salir a buscar algo de contacto con el balón a
costa de armar trifulcas en las bandas o cerca del círculo central.
PECADO Y DECLIVE
Al minuto 33 llegó el
error, uno involuntario, que desequilibró el marcador.
En apariencia, el centro
desde la banda izquierda no traía nada, sin embargo, nada más
ingresar al área, reveló el veneno guardado en su interior. El xolo
Emilio Sánchez anticipó a Gorriarán que, sin ojos en la nuca e
impedido para regresar la bala a la recámara, impactó el pie del
jugador local.
Óscar Macías, el
silbante, marcó penal. Tras cuatro minutos de repetición instantánea, alias VAR, Sanvezzo adelantó al muro
fronterizo.
El plan de Tijuana daba
resultado.
El visitante mantuvo las
buenas intenciones y el frenesí, también la imprecisión que le
impedía prosperar allí donde importa.
Así siguió hasta que
Doria encontró una solución que parecía improbable. Al minuto 50, el defensa santista
cobró una falta tan fuera del área que era mejor contar la
distancia en yardas. No le pegó ni como central, ni como delantero,
sino como brasileño.
La felicidad duró los
dos minutos que tardó Mario Lainez en hallar un rebote del
ecuatoriano Félix Torres en medio campo. El volante fronterizo subió
y subió sin hallar oposición hasta sacar el disparo que devolvió
la ventaja al local.
Al 74, el árbitro podía
haber condenado al visitante por un empujón de Torres. El juez marcó
saque de puerta.
El resto del partido la
media del conjunto de Almada no existió. Los cambios del técnico
santista sumaron al frente armas tan frescas como improductivas.
Doria, empeñado en
hacer de héroe, metió un cabezazo que encontró la atajada de
Lajud.
El marcador final fue
mucho premio para unos Xolos enfocados a no recibir sustos antes que
causarlos.
A este Santos que jugó a la intensidad antes que al
fútbol le toca afinar la precisión y trabajar alternativas para
escalar muros.
Imagen: Cortesía

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