No hay sueño que no se
rompa cuando tocan a la puerta de tu castillo de interés social con un ariete. “¿Qué
demonios ocurre?”, te preguntas. La respuesta no tarda en llegar.
Hombres armados entran en tu habitación.”Policía” y “levanta
las manos”, dicen. Sales de casa esposado. Bajas la cabeza y subes
a la patrulla. Menos mal que no has hecho nada. Ya habrá oportunidad
de aclarar las cosas.
En la sala de
interrogatorio, los detectives te preguntan una y otra vez por qué
lo hiciste. Si tan sólo supieras lo que has hecho, con gusto
ayudarías a la investigación. Hartos de que finjas demencia, los
agentes te piden mirar con atención la pantalla de una portátil.
Identificas la película
a la primera. Conoces a los actores en escena. Están en la parada
del autobús y sí, tú eres ese suertudo, el otro personaje es esa
linda mujer de la que has quedado prendado. Recuerdas bien tu línea:
“Quiero invitarte a salir”. Ella sonríe, se acerca a ti, te
besa. Menos mal que hablaste a tiempo. Ella se aparta, ha sido dulce
pero, debe marcharse. El autobús pasa junto a ustedes. Tú
reaccionas mal, no has tenido suficiente, vas tras ella, la sujetas,
discuten, no has tenido suficiente, ella no quiere irse contigo,
resiste, tú no has tenido suficiente, lanzas un golpe, ella acaba en
el suelo, la sujetas del cuello, la levantas, ella no lucha más, se
rinde, avanza en la dirección que le has impuesto. Salen de
cuadro.
Dos policías intentan
controlarte. No la tienen fácil. Sabes pelear y vas a pelear, por tu
inocencia, porque tú sabes lo que sucedió, lo que ellos no ven.
Ella abordó ese autobús. Eso -lo que muestra el video de
vigilancia- no es lo que pasó, no es real, juras que no es real. ¿O
sí?
The Capture (BBC, 2019)
traslada al espectador a una pesadilla digna de mirarse con los ojos
del Big Brother. ¿Es Shaun Emery culpable? ¿Dónde está Hannah
Roberts, la mujer violentada en la parada de autobús? ¿Dice la
verdad el video de la cámara de vigilancia? Para averiguarlo, nada
como dedicar unas horas a fatigar los seis episodios de la serie. De
ese modo descubrimos el engaño dentro del engaño dentro del engaño.
Ben Chanan, su creador y director, comentó que en The Capture hay algo de El Último Testigo
(The Parallax View, 1974) y de Los Tres Días del Cóndor (Three Days of the Condor, 1975), filmes dedicados a complots.
También hay influencia
de otras dos películas setenteras: Las Mujeres de Stepford (The Stepford Wives, 1975) y La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos
(Invasion of the Body Snatchers, 1978). Chanan explicó que si bien
estos títulos se adentran en los terrenos del horror y la
ciencia ficción, su sabor característico es el suspenso de la
conspiración.
En cuanto a programas de
televisión, los modelos a seguir fueron State of Play (2003) y, en
menor medida, Bodyguard (2018).
The Capture nos invita a
saber más sobre edición de video creativa, videovigilancia y porno
ultrafalso de la mano de Paul Ritter, que interpreta a Marcus Levy,
un ingeniero de video y consultor de retransmisiones. Otro incentivo de la serie es ver a Ron Perlman como demonio pintado de humano.

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