jueves, 28 de noviembre de 2019

Defensa de Torre



1. d4 Cf6 2.c4 Cc6. De ese modo se representa, conforme al sistema de notación algebraica de los trebejos, la defensa mexicana, también conocida como defensa tango de los dos caballos.
Si uno busca más aportes a la escena ajedrecística mundial con sello mexicano sólo encontrará el ataque Torre (1. d4 d5 2. Cf3 Cf6 3. Ag5) y el método del molinillo, que consiste en barrer del tablero piezas enemigas combinando las capturas con jaques a la descubierta.
Las tres creaciones son frutos del mismo árbol, Carlos Torre Repetto. Este 29 de noviembre es el aniversario 115 del natalicio del genial yucateco, máximo exponente de los trebejos que ha dado la nación mexicana.
¿A qué alturas llegó? Una víctima de su defensa fue el estadounidense Frank Marshall, retador del título mundial de ajedrez en 1907; el molinillo fue aplicado, con célebre éxito, sobre la figura de Emanuel Lasker, todavía dueño del reinado más largo (27 años) en el deporte ciencia.
Para los apasionados de los trebejos hay un documento histórico de gran valía disponible en Youtube: la película muda Fiebre de ajedrez (Shakhmatnaya goryachka, 1925), con la actuación estelar del cubano José Raúl Capablanca. El reparto incluye a varios de los jugadores más destacados de la época. Al principio de la historia aparecen, enfrascados en pensante batalla, Torre y Marshall.
Interesarse en la biografía del trebejista yucateco es reservar sitio en el alma para lamentarse por lo que pudo haber sido y no fue. El mejor jugador mexicano de la historia se retiró de la alta competición, aquejado por nerviosa enfermedad, a los 21 años de edad.
¿Qué hubiera sido del ajedrez nacional bajo la influencia de un artista capaz de doblegar a Lasker y de hacer tablas con genios de la talla de Capablanca y Aliojin? ¿Tendríamos una cantidad mayor de jugadores de élite? ¿Sería la Federación Nacional de Ajedrez de México (Fenamac) la cuestionada organización que es hoy día? Estas preguntas, y los escenarios que de ellas se derivan, son desviaciones de la línea principal, una que no ha favorecido a las piezas nacionales.
Los mexicanos jugamos, y mucho, pero avanzamos poco. En las casillas blancas hay una iniciativa en el Senado para que el juego de reyes sea una estrategia pedagógica en las escuelas del país. En las casillas negras sucedió que la Asociación de Ajedrez UNAM se declaró harta de la Fenamac.
México tiene, el dato es de la FIDE, cuatro grandes maestros (GMs). Sin considerar la corona en poder del noruego Magnus Carlsen, el de GM es el máximo título que puede obtener un trebejista y, a diferencia de aquella, una vez ganado jamás se pierde. Rusia posee la mayor cantidad de GMs (256 y sumando), seguido por Estados Unidos (101), Alemania (96) y Ucrania (93).
Sin considerar continentes distintos al americano, la nación mexicana es superada por Cuba (27), Argentina (23), Brasil (14), Canadá (14), Perú (8), Colombia (9), Chile (6) y empata con Paraguay.
En el vecino del norte llevan más de cuatro décadas buscando al nuevo Bobby Fischer, es decir, a un genio capaz de convertirse en el segundo norteamericano en ganar el título mundial de ajedrez. Si para eso tienen que comprar jugadores foráneos, que así sea. En nuestro país no hay prisa por reverdecer ajedrecísticos laureles. A falta de representantes nacionales en las primeras filas del deporte ciencia, podemos preguntarnos con cierto dolor, como hace el periodista español Leontxo García, hasta dónde hubiera llegado nuestro homérico Torre con una salud normal.

Imágenes:
1.- Fotograma de Fiebre de Ajedrez.
2.- Boletín de la Asociación de Ajedrez UNAM.

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